Como dicen en mi casa:
Ni tanto ni tan calvo
O recordando mis clases de filosofía del instituto:
La virtud es el justo medio entre los extremos.
No me refiero a sistemas con características especiales, que los hay, pero no vienen al caso: mi lavadora funciona muy bien y no le voy a cambiar la programación por mucho que el interfaz sea en blanco y negro y me gustase que se activase remotamente.
Hablo de dos casos que me he encontrado, que yo misma he hecho y que ahora me arrepiento de ello:
* El efecto fotocopia.
Cita:
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"Es que yo quería una nueva agenda electrónica igualita, igualita a esta..." Y el resultado final es un programa que tiene exactamente las mismas funcionalidades, con los botones exactamente en el mismo sitio.
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Si tan bueno era el programa anterior, si no se necesitaba el cambio porque lo que hay funciona perfectamente, ¿para qué hacer uno nuevo?
* El efecto yo sé lo que me hago y usted no.
Cita:
"-Es que yo quería una nueva agenda electrónica...
- Tranquilo le haremos una basada en la nueva tecnología de control mediante silbidos..."
Y el resultado final es algo que el cliente no necesita ni sabe manejar y que normalmente le asusta.
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Puede que los usuarios no sean de la NASA pero tampoco son tan tontos como para no saber lo que quieren.
No te puedes basar en todo lo que había antes, ni hacer caso a todo lo que diga el cliente, pero tampoco puedes tirarlo todo e ignorar a todos. Es importante ser flexible, los dogmatismos y los extremos son malos.
Ojo, que no digo que sea fácil, no lo es. Sobre todo porque implica largas sesiones con los usuarios que no le gustan a nadie (y mucho menos a nosotros, para qué negarlo).