La excursión
¡Hola a todos!
Cita:
Empezado por Casimiro Notevi
...un terreno inhóspito, duro, seco y desolador...
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Ni más ni menos, así es el paisaje al noreste de Chihuahua.
Cita:
Empezado por jachguate
No conozco el desierto... a ver cuando me invitas y vamos, vos a recordar, y yo a conocer.. 
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Me has hecho recordar este relato que escribí hace cinco años:
La excursión
La mañana de un sábado de mediados de enero Al González tomó su mochila, que normalmente utilizaba para fines laborales, metió en ella algunas provisiones, además de un tenedor y su teléfono celular. La noche anterior había decidido que ese sábado realizaría una pequeña excursión en el desierto. Después de semanas de mucha tensión, buscaba relajarse alejándose de la cotidianidad de esos grises y pesados días de estresante trabajo que le llegaron con el invierno de aquella región donde él vivía.
Tan fresco como le permitió estar el clima algo templado de esa mañana y su anterior e inusual descanso de siete horas continuas, caminó algunos kilómetros a un costado de la carretera que conduce al poblado de Aldama, atento a cualquier eventualidad en el incesable tráfico que acuchillaba el aire. Al llegar al final de la enorme curva que rodea la orilla sur de la sierra de Nombre de Dios, vio y recordó que algún gobernante había hecho colocar la escultura de un león en la cima de una llamativa colina, que desde la infancia Al había guardado en su memoria en la sección de los sitios por conocer, cuando en repetidas ocasiones fue llevado de paseo a la granja de sus tíos, y en el viaje miraba con contemplación aquel curioso montículo de tierra y rocas que casi veinte años después el destino le daba ahora la oportunidad de explorar. Ya comenzaba a sentir que su estrés se disipaba, dando lugar a la sana emoción de la aventura. Esperó a que la carretera quedara despejada para cruzarla, y llegar hasta el promontorio sagrado profanado por una bestia estólida representante de otras tierras. Observando el relieve, esa colina parecía ser una pequeña salpicadura de la sierra que del otro lado del camino imponía su presencia.
Una rampa circular, construida seguramente por quienes colocaron ahí la escultura, le facilitó el ascenso. Desde la cima echó un vistazo a los alrededores descansando unos minutos y bebiendo un poco de agua, después de haber caminado casi una hora. Examinando el paisaje se cuestionó cuál sería la siguiente ruta a seguir. Miró hacia el norte y se percató de que un camino algo sinuoso se extendía paralelamente junto a la sierra, a la vez que se alejaba de la carretera. «¿Adónde llevará ese camino?», se preguntó, y un segundo más tarde se respondió: «a donde quiera que lleve lo recorreré por completo, así llegue hasta un pueblo donde ningún forastero haya estado nunca».
El camino parecía surgir del terreno que ocupaban unas instalaciones aparentemente del gobierno que aún estaban en construcción, y cuyo nombre y propósito Al desconocía. En una de las entradas del cercado lugar se encontraban un par de ancianos de semblante dócil, que daban la impresión de ser los cuidadores de la construcción, y un perro viejo aburrido acostado a unos metros. Después de saludarlos de viva voz, Al les preguntó:
—Disculpen, ¿hacia donde va ese camino?
El perro no respondió nada, pero uno de los ancianos le contestó:
—No, pos sube ahí pa’la sierra, no sabemos hasta donde llegará.
Al les solicitó permiso a los cuidadores para entrar al sitio con el fin de tomar ese camino, a lo cual ellos accedieron de forma amable, indicándole cómo llegar hasta dicha vereda. Los matorrales no permitían distinguir dónde comenzaba, pero sólo era cosa de avanzar unos cuantos metros por el cauce seco de un arroyo, para descubrir que éste era una especie de conexión del camino con la carretera.
Así comenzó otra etapa interesante. Bajo el Sol parcialmente atenuado por altas nubes de hielo, un camino de tierra entre maleza espinosa y algunos montículos de rocas, lo llevaría a un lugar desconocido. Con su mochila a la espalda, y sus viejos zapatos todo terreno, escuchando sus pisadas, el viento suave, algunos pájaros y su respiración, caminó unos cuatro kilómetros, alegrándose cuando vio correr frente a él a una libre cuyo architatarabuelo debió haber tenido unos ochocientos primos, hasta llegar al final del camino que resultó ser más corto de lo que en un principio supuso. En ese punto se encontraba un banderín con hasta enclavada en una base de hormigón. Su tela desgastada no permitía distinguir lo que alguna vez pintaron en ella, así que esa señal sin voz la interpretó como fin del camino.
A unos metros se encontraba un grupo de rocas, se trataba del comienzo de una arista de la montaña que se elevaba hacia el oeste. Decidió descansar y comer sobre una de las rocas que permitían mayor visión del terreno. Se descolgó la mochila y sacó de ella una lata de ensalada de atún, el tenedor, un par de mandarinas y la botella de agua que abrió por primera vez en su descanso anterior. Sentado, observando el camino que había recorrido y en el fondo la diminuta colina del león sobre la que había estado apenas veinte o treinta minutos antes, comió con tal gusto y apetito que sintió emanarle la felicidad por los poros. Cuando comenzó a pelar una de las mandarinas, recostado sobre aquella roca y con su estómago diciéndole ¡muchísimas gracias!, pensó en lo feliz que era por estar ahí en ese momento, gozando del privilegio de estar tan lejos de todo y más cerca que nunca de sí mismo. Sólo por un instante una fugaz nostalgia quiso hacerle imaginar la compañía de una dulce mujer. Pensó en Marisela Yaroslav, quien recientemente había despertado en él una eminente estima y admiración. «No sé por qué, pero estoy seguro de que le hubiera gustado mucho acompañarme hasta este lugar, y estar aquí a mi lado disfrutando conmigo de este delicioso momento», se dijo a sí mismo. Para Al, Marisela Yaroslav era la única mujer conocida que encajaba en ese apacible escenario, no sólo por lo que comenzaba a sentir hacia ella, sino también por su positiva y alegre actitud hacia la vida y las cosas sencillas del mundo, lo cual ya en varias ocasiones había tenido la oportunidad de constatar con mucho agrado. Sin embargo tenía muy claro cuáles eran las barreras que le impedían acercarse a Marisela en un plano más personal: ella y la empresa de su padre constituían uno de sus principales y más formales clientes y además estaba (aunque al parecer no felizmente) casada. No obstante, sentía que Marisela se encontraba ahí junto a él, como recordando algo hermoso sucedido en el futuro de sus sanos y profundos deseos, y logrando la extraña seguridad de que tal momento de dicha realmente acontecería.
Con tanta alegría por los elementos de su entorno, y de su feliz momento de reflexión, era imposible que Al diera cabida al desánimo. Estaba orgulloso y contento por haber llegado hasta ahí, de respirar aire fresco, de haber comido con buen apetito, de saber que estaba explorando terreno desconocido, de conocer plantas raras, de observar infinidad de posibles rumbos a continuar a campo traviesa, de saber que al poniente se encontraba una montaña nada despreciable para escalar, de estar relajado, sano, sin ninguna clase de malestar. Tomó un dulce de varios que traía consigo, guardó la basura en una bolsa de plástico que luego metió en su mochila, y de inmediato experimentó la firme convicción de que el rumbo a continuar debía ser el oeste, hacia la cima de esa montaña.[...Continuará]
Última edición por Al González fecha: 19-08-2007 a las 00:43:17.
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