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Lo siento Casimiro, pero no puedo revelar la identidad de las caretas utilizadas, porque algunos personajes son demasiado conocidos y además he descubierto sangre y vello en los zapatos, lo que me hace pensar, que todo ello haya sido un momento de alienación y en un fenómeno de quiasmo con variatio o de metempsicosis o vaya usted a saber que, es posible que las caretas fueran caras reales y los golpes no fueran oníricos, sino verdaderos zapatazos en la jeró.
En virtud de las dudas que me asaltan pongo fin a la narración, a los efectos de no autoperjudicarme, ya VV.EE. con su superior criterio resolverán lo que estimen en justicia que pido desde mi emplazamiento actual a los veintiocho días del mes de noviembre de dosmilsiete de la era de Nuestro Señor.
Por qué no te callas, hasta luego.
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