Gracias por tus comentarios Santana.
Qué te puedo decir, sin querer me alegraste el día

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Si que tiene algo de romanticismo esta profesión:
Los programadores creamos esa maquinaria invisible que hace que el mundo funcione, y aún así las demás personas no entienden a qué nos dedicamos.
Vaya que era romántico abandonar aquella oficina misteriosa de la calle Segunda a las 3:30 de la mañana, bajando las oscuras escaleras del vetusto inmueble sintiendo el añejamiento de sus escalones. Caminando de regreso a casa. Absorbiendo en el rostro, con los párpados cerrados, el fresco de la lluvia recién caida. Escuchando el sumbido lejano de algún auto partiendo las aguas del pavimento. Cansado, pero satisfecho de haber escrito ese grupo de funciones mágicas que nadie me había pagado por hacer. Sintiéndome afortunado por no ser uno de los que seguramente ya dormían en esa casa y o en aquella. Por ser un hombre libre que tenía todas las calles del mundo para él solo. Con el privilegio de escuhar las pisadas de los gatos, y el crujir de las hojas amputadas por la gravedad de La Tierra. Por atender al susurro del viento que me pedía admirar esa Luna que sólo era para mi, que alguien había puesto ahí para iluminar mi andar sobre el planeta. Soñando que algún día una dulce mujer conocería al hombre invisible.
¡Feliz día de San Valentín!
Al González

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