Una mujer entra en una farmacia y le pide al farmacéutico:
--Por favor, quisiera comprar arsénico.
--¿Y para qué querría la señora comprar arsénico?
--Para matar a mi marido.
--Lo siento, pero para ese fin no puedo vendérselo, de ninguna manera.
La mujer abre la cartera y saca una fotografía en la que aparece su
marido en la cama con la mujer del farmacéutico.
--Mil disculpas, señora --dice el boticario--, no sabia que traía
usted receta.
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La hija regresa a casa después de años de haberse ido. Llora desconsoladamente, pues sabe que a su familia, muy católica y de misa
no le va a gustar lo que les tiene que decir.
- Su padre le pregunta: ¿Donde estuvistes tanto tiempo, sin siquiera
escribir, desgraciada? ¡No sabes cuanto ha sufrido tu madre!
- Perdón, papá, pero es que me he vuelto prostituta...
- ¿Cómo? ¿Qué? ¡Lárgate inmediatamente de esta casa!
¡Desvergonzada,inmoral, perversa... mala hija!!!
- Sabes perfectamente que en nuestra casa somos católicos
practicantes,!!!guarra, que eres una guarraaaa!!
- Papá, ya me voy... te comprendo. Pensaba que me perdonaríais y venía
a regalaros este abrigo de mink y las escrituras de la casa en la Riviera Francesa a Mamá, una cuenta de 500.000 dólares para los estudios de mi hermanito y a tí, papito, este Rolex Aniversario con diamantes y un Porshe Carrera Triptonic Turbo del 2004, color negro, que está en la puerta...
- Hijita, ¿En qué dijiste que te has convertido?
- En prostituta, papá.
-¡Uf! Qué susto, había entendido ¡Protestante!
