Voy a hacer una pequeña disgresión:
Hace algún tiempo (bastante, de hecho) pasó por mis manos un libro de
semiótica, y como en aquél entonces aún era muy dado a la lectura, comencé a hojearlo pero nunca pude terminarlo, pues luego de ver que las primeras veinte páginas discurrían acerca del significado de
signo, hablando de si tal o cual escuela, o tal o cual autor entendía tal o cual cosa por
signo, boté el libro exclamando para mis adentros: ¡qué manera de complicarse la vida! ¿Por qué este autor (el del libro) no simplemente
dice lo que
él entiende por
signo y con eso trabaja?
Reconozco que mi apreciación era injusta, porque yo lo estaba viendo desde mi punto de vista científico, específicamente desde las matemáticas, en donde si bien hay ciertas definiciones, digamos,
universales, con frecuencia un autor debe establecer al comienzo del texto, lo que él entiende por determinado concepto, y esto se debe a que las matemáticas son extremadamente rigurosas, por lo que siempre debe quedar claro exactamente de qué se habla.
En este sentido, doy razón a ambos, a Rolando y a Delphius: debe estar claro de qué se habla, pero las definiciones de ciertos términos pueden variar de contexto a contexto.
// Saludos